¿Solo uno? Nuestro planeta se merece mucho más que un día al año. Pero, al menos, los 22 de Abril de cada año, nos acordamos de que tenemos que cuidar el único hogar para casi 8.000 millones de seres humanos. Lo de Marte es una quimera, cuidemos la Tierra.

El planeta ha sufrido muchas agresiones, meteoritos, erupciones volcánicas interminables, choques de placas tectónicas… Y ha sobrevivido. Casi siempre, con cambios muy profundos en la composición de su biodiversidad.

 

Pero lo de ahora es diferente. Existe una especie dominante, autodenominada Homo Sapiens que está modificando los bosques, las selvas, la composición de los mares, la atmósfera. Ha sobrepasado los límites planetarios en varios indicadores y está cambiando el clima. La consecuencia más preocupante es la acelerada pérdida de biodiversidad y la amenaza creciente de provocar cambios climáticos abruptos e irreversibles…

 

La Madre Tierra sobrevivirá también a estas agresiones. Lo que no es tan seguro es si será capaz de mantener unas condiciones que sean compatibles con una sociedad humana organizada para una población creciente que tiende a 10.000 millones…

¿Cómo nació el Día de la Tierra?

Con todas estas preocupaciones en mente – mucho menos alarmantes que ahora, me temo – y a propuesta del senador norteamericano Gaylord Nelson, se decidió dedicar todos los 22 de Abril a la Madre Tierra, para recordarnos a todos que estamos llevando al planeta más allá de sus límites de regeneración, como consecuencia de la población creciente, el consumo creciente, la contaminación de ríos, campos, mares y hasta del aire que respiramos, con una presión insostenible a la biodiversidad y con riesgo creciente de provocar una emergencia climática.

 

Es en 1970 cuando consiguen organizar la primera manifestación por la Tierra, con presencia de miles de escuelas, institutos y universidades norteamericanas. Llaman al día Earth Day (Día de la Tierra, que suena casi igual que Birthday, díandel nacimiento, cumpleaños). Dos años después, en 1972 se internacionaliza la celebración, con la Primera Conferencia Internacional, en Estocolmo, La Cumbre de la Tierra. Pero no es hasta 2009 que la ONU decide poner en su calendario el Día de la Madre Tierra, el 22 de Abril, para todos los países.

Y ahora, ¿en qué situación estamos?

Mucho ha crecido la población desde entonces. Y mucho más el consumo de recursos, principalmente, agua, alimentos y energía. Estamos llenando la tierra, los mares y hasta la atmósfera de plásticos, fertilizantes, gases contaminantes y de efecto invernadero. Año tras año, aumenta la deforestación de bosques boreales y selvas tropicales. Y año tras año desaparecen especies animales a un ritmo nunca visto. Por destrucción de sus hábitats y por contaminación química.

Estamos en 2022 y, a las causas recurrentes de la agresión humana al planeta se unen una pandemia creada, de alguna manera, por la presión ejercida sobre algunas especies animales próximas al ser humano, que ha puesto en jaque a toda la humanidad. Y, apenas empezando a salir, nos encontramos con una horrible
agresión de una potencia nuclear a un país y pueblo considerado hermano, con decenas de miles de muertes, millones de desplazados y millones de toneladas de explosivos destruyendo ciudades y bosques.

Cincuenta años después del primer Día de la Tierra debemos reflexionar sobre si estamos cuidando el planeta o estamos en una carrera ciega hacia un futuro de incierto desenlace…

Nuestra Tierra lleva tiempo avisándonos, pero… ¿Hemos reaccionado?

En 2017, casi 20.000 científicos firmaron un documento llamado «World Scientists' Warning to Humanity: A Second Notice» en el que se analizaron 9 variables sostenibilidad:

 

  • Contaminantes químicos: el estudio muestra una evolución positiva ya que se ha disminuido la destrucción de la capa de ozono debido a estos contaminantes. La humanidad supo corregir.
  • Agua dulce: la disponibilidad de este recurso ha sufrido un grave descenso, la mitad por persona. Preocupante. 
  • Capturas marinas: Los océanos se están acidificando por la mayor concentración de CO2. Y están desoxigenándose, como consecuencia de su calentamiento.
  • Zonas Muertas: Los niveles se han visto altamente incrementados 
  • Biodiversidad: Alarma existencial, en 50 años, se han perdido el 60% de las especies de vertebrados en todo el mundo. Nunca antes ocurrió esto, a esta velocidad.
  • Emisiones de CO2: crecen y crecen. Solo se tomaron un respiro en 2020 por la reducción de actividad por la Covid, pero han recuperado en 2021.
  • Incremento de la temperatura media del planeta: Ya hemos superado el 1,2ºC.
  • Población: La población humana crece de manera imparable. Ya se han superado los 7.700 millones. Y la población de rumiantes para alimentarla crece todavía más, de 2.000 a 4.000 millones. Esto no sería ningún problema en un planeta infinito. Desgraciadamente, el planeta es finito. Y alimentar 8.000 millones de seres humanos con la dieta de los países ricos requerirá 8.000 millones de vacas, cerdos, ovejas. Y dedicar la mayor parte de la tierra cultivable para alimentación animal y humana.  Con un gravísimo impacto en lo que queda de biodiversidad


 Si esto fuera un partido de fútbol, iríamos 1-8, fatal resultado para la humanidad, jugando en casa. Afortunadamente, queda la segunda parte del partido. Todavía podemos, primero, igualar el marcador. Y luego, tratar de ganar este partido. Sobre todo, porque es existencial. Si lo perdemos, nuestros hijos y nietos van a tener un futuro terrible, primero en Segunda División, luego, quien sabe...

 

¿Cómo podemos recuperar las condiciones de habitabilidad de la Tierra

No parece tarea fácil, pero la comunidad científica nos ha dado muchas pistas:

 

1.- Los gobiernos: Deben acelerar la transición hacia una economía descarbonizada, mediante el despliegue de medidas de eficiencia, electricidad renovable, electrificación del transporte y la calefacción, reforestación y otras medidas de protección ambiental.

 

2.- Las empresas: Deben acometer planes urgentes para reducir su huella de carbono, su contaminación y su consumo de materias primas, aumentando el reciclaje.

 

 3.- Los ciudadanos: Debemos modificar nuestros hábitos: extremar el ahorro y la eficiencia energética, cambiar nuestra dieta hacia otra menos intensiva en carne y pescado, reforestar en nuestro ámbito, tener una vida más deportiva y sana, utilizar calefacción por bomba de calor, fomentar el uso de paneles solares y conducir vehículos sin emisiones. No todo eso podrá realizarse a la vez, en todos los países, por todas las empresas y todos los ciudadanos. Pero cada cual haga todo lo que pueda en todo momento.

 

Por la Tierra. Bueno, en realidad, para que la Tierra siga siendo nuestro hogar de acogida. No hay otro, cuídalo!

 

 

Emilio de las Heras: Ingeniero Naval, autor del Blog en Expansión sobre Cambio Climático y Economía