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Más allá de su exhibición en los grandes salones, los concept cars son para los fabricantes la hoja de ruta, el laboratorio físico y los cimientos reales para construir la movilidad de las próximas décadas
Imaginemos por un momento que tenemos el poder de hacer realidad nuestras ideas más ambiciosas. No un rápido boceto en un papel ni un renderizado en una pantalla de ordenador, sino algo físico, real y tangible que podemos tocar, experimentar e incluso usar nosotros mismos. Suena a capricho de millonario, pero para los fabricantes de automóviles es un paso habitual y necesario en su tarea de innovar para mejorar la movilidad.
A menudo, cuando vemos un concept car en un salón del automóvil, nuestra reacción suele oscilar entre el asombro y el escepticismo. "Es increíble, pero no llegará al público", dirán algunos con razón, al menos parcialmente. Los concept cars que nos presentan las marcas, con sus diseños imposibles y sus tecnologías de ciencia ficción, probablemente nunca llegarán a las calles. Pero, y ahí reside la magia, suponen una ventana para vislumbrar el futuro de la automoción.
¿qué es (y qué no es) un concept car?
Antes de nada, para entender la trascendencia que tienen los concept cars, hay que aclarar algunos aspectos. A menudo tendemos a confundir este término (literalmente, “coche conceptual”) con el de “prototipo”, y no sin razón, pues la propia industria suele utilizarlos indistintamente. No en vano, muchos prototipos finales que preceden al modelo definitivo (como el espectacular Renault 4ever Trophy previo al Renault 4 E-Tech eléctrico) se muestran igualmente futuristas y vanguardistas.

Sin embargo, los concept car están asociados a una visión del automóvil del futuro y no al modelo de calle. Suelen verse tan vanguardistas y futuristas, que a menudo tienen elementos de difícil viabilidad o directamente imposibles de llevar a la práctica en nuestro mundo actual. Su finalidad no es tanto probar la solvencia técnica o el rendimiento real del vehículo, como ocurre en los prototipos, sino desarrollar conceptos radicales y transgresores, que pongan a prueba la creatividad de los diseñadores e ingenieros y, sí, también impresionar el público y medir sus reacciones.

Un concept car es una forma de poner una bandera en el futuro y decir: hacia allí vamos, mientras que un prototipo es una versión funcional más cercana al modelo final, y destinada a testear y validar diseños o componentes antes de la fabricación en serie.
Como curiosidad, muchos concept cars no pasan de ser simples diseños digitales en una pantalla de ordenador. Si el concepto que representan resulta prometedor, entra un proceso de desarrollo muy similar al de los prototipos, creándose maquetas físicas, instalaciones funcionales o, en última instancia, vehículos hábiles con los que experimentar de forma real esa visión de futuro de la marca.
el concept car como brújula que anticipa las tendencias en movilidad
Como decíamos, los concept cars están asociados a una visión de futuro. Puede ser una tecnología revolucionaria, como baterías experimentales o interfaces de realidad aumentada, y en el que el concept car sirve como banco de pruebas y laboratorio rodante para testearlo de forma real.
También puede ser un diseño estético especialmente transgresor y vanguardista, como las tendencias retrospectivas o las inspiradas en las formas de la naturaleza, en el que el concept car supone un auténtico manifiesto artístico en el que los diseñadores dan rienda suelta a su creatividad.

La visión de futuro también puede ser un elevado propósito al servicio de la sociedad, como reinventar la movilidad urbana o alcanzar la seguridad proactiva en los vehículos, y en el que el concept car sirve como brújula para abrir nuevos caminos a seguir por la industria. Paula Fabregat, directora de proyectos de diseño en Renault (y responsable de muchos de los concept cars y prototipos de la marca) define su trabajo como decidir “qué relación queremos entre el ser humano y la máquina” y diseñar “el espacio donde ocurrirán las vidas de nuestros clientes”.
La propia Fabregat y su equipo utilizan los términos “vision car” o “demo car”; porque sí, el concept car también es una demostración al mundo de la visión (y su viabilidad técnica) que tiene Renault para la movilidad del futuro. Si observamos las tendencias y tecnologías actuales (seguridad predictiva, circularidad de los materiales, hiperconectividad en tiempo real…) todas fueron “profetizadas” por concept cars de hace algunos años.

Todo ello con una actitud proactiva por parte de la marca en su búsqueda por satisfacer las necesidades de los conductores y sus familias. François Provost, actual CEO de Renault, se expresa en términos de “no se trata de adivinar el futuro, sino de provocarlo”.
el concept car como solución a los problemas de la movilidad
Hasta hace poco, los concept cars eran considerados simples demostraciones de poder con el objetivo de impresionar al público en los salones internacionales. Hoy en día, siguiendo esa “vocación de servicio” con la sociedad, los concept cars suponen más una proyección de empatía con las necesidades del público. Ya no se busca solo ese rompedor prototipo que provoque asombro y aplausos, sino también que entienda y se identifique con los conductores y sus familias.

Precisamente Renault Emblème ha sido definido por la marca como el “Concept Car familiar”. Más allá de redefinir la idea que tenemos de los vehículos familiares, Renault Emblème supone la materialización de los objetivos de neutralidad en carbono de la marca para 2040.
Producido con energías 100% renovables y materiales de economía circular, y dotado de una revolucionaria motorización bienergía de batería eléctrica y pila de combustible de hidrógeno, ha sido definido como un auténtico “laboratorio rodante” de descarbonización, donde Renault muestra la “receta” de cómo fabricar automóviles en el futuro.

Otro recientísimo concept car, Renault Filante Record 2025, tampoco ha nacido para asombrar con su diseño ni prestaciones, sino para resolver uno de los grandes dilemas del coche eléctrico: la autonomía en condiciones reales de autovía. Su récord (conseguido precisamente el pasado mes de diciembre) está en recorrer 1.008 kilómetros a una media de 102 km/h con una sola carga, haciendo uso de la misma batería de 87 kWh del Renault Scenic E-Tech.
Y lo logra con una lección magistral de ligereza (apenas 1.000 kilos) y aerodinámica, demostrando que el futuro del coche eléctrico no está en usar baterías más grandes, sino en hacer vehículos más eficientes.

Este concept car está directamente inspirado en el mítico Étoile Filante de 1956, demostrando que el pasado no es una carga que dejar atrás, sino un trampolín para adelantarse al futuro. Otro buen ejemplo es el R17 Restomod x Ora-ïto, en el que el diseñador francés reinterpreta el mítico Renault 17 de los años 70.
Renovado con materiales y sistemas actuales, este deportivo retrofuturista (que ha inspirado el diseño de la cartela de la ficción sonora “Jules y Ren” de Podium Podcast) busca solución a uno de los problemas del mundo moderno: la desconexión emocional de las nuevas tecnologías. Supone un puente entre nostalgia y visión, que demuestra que no hay que diseñar para el asfalto, sino para las personas.

Como vemos, los concept cars no son simples adornos de feria, sino ventanas que permiten vislumbrar el futuro de la automoción. Suponen la demostración de que llevar a cabo una visión no es una cuestión de clarividencia, sino de trabajo, experimentación y constancia para materializarla. En definitiva, los concept cars suponen nuevos capítulos de un libro aún por escribir que habla de una movilidad más consciente, sostenible y responsable. Y una movilidad, sobre todo, con mucha alma.
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