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Llevo cerca de veinte años enseñando a conducir a toda clase de personas, y puedo asegurar que hay un momento curioso en la vida de casi todo conductor: cuando aprueba el examen, dice adiós a su profesor y baja la guardia porque ya no siente la presión de examinarse.
Desde ese día, adquirimos malos hábitos debido a que nos relajamos, o por mera imitación, inercia, o una especie de derecho adquirido a cuenta de los kilómetros recorridos que van sustituyendo lo que aprendimos en la autoescuela. El resultado es una mezcla de confianza excesiva y conocimiento oxidado que se manifiesta cada día en cualquier rotonda, en cualquier autopista o en cualquier callejuela.
Con este artículo no pretendo sermonear, sino ser ese compañero de viaje que, sin ánimo de molestar, te recuerda en voz alta cosas que ya sabes… si te paras a pensar.
las manos en el volante: las “diez y diez” que te pueden salvar de un susto
Empiezo por lo más básico: cómo se sujeta el volante. La posición más recomendable es la que se conoce como “diez y diez”, que sitúa ambas manos en los laterales del volante, aproximadamente donde estarían a esa hora las saetas de un reloj de agujas.
¿Por qué esta posición no es arbitraria? Maximiza el control del vehículo, te permite reaccionar con rapidez ante cualquier imprevisto y si se activa el airbag mantiene tus brazos fuera de la trayectoria del mecanismo de inflado, lo que puede marcar la diferencia entre un simple susto o que sufras daños de diversa consideración.
Otro error que he visto en demasiadas ocasiones es el giro del volante con la técnica del “cruce de brazos”, es decir, pasando una mano por encima de la otra. La técnica correcta es la de “tracción y empuje”, en la que una mano tira hacia abajo y la otra empuja hacia arriba, sin que los brazos lleguen a cruzarse en ningún momento. Más ágil, más seguro, más preciso y más que suficiente para cualquier giro.
rotondas: no deberíamos hacernos líos
Si hay un elemento de la vía pública capaz de provocar discusiones acaloradas entre conductores es la rotonda. Y, sin embargo, la normativa es clara. ¿La recordamos?
En primer lugar, quien ya circula dentro de la rotonda tiene prioridad sobre quien pretende acceder a ella. Respetar la prioridad de paso supone no forzar al conductor que circula con prioridad a frenar de forma brusca o a desviar su trayectoria. Pero, precisamente por esa razón, tampoco está justificado frenar en seco al llegar a una rotonda cuando no hay nadie circulando por ella. Esto puede causar retenciones innecesarias e incluso colisiones por alcance, como seguro que habrás visto más de una vez al llegar a una rotonda.
Pero el problema más frecuente en las rotondas es la confusión sobre el uso de los carriles. Es, digamos, de las cosas que antes olvidamos. Aquí debe primar la conducción responsable. Una rotonda es una vía circular donde, si no está señalizado —por ejemplo, con flechas pintadas en el asfalto—, rige la norma general de circular por el carril derecho salvo que las circunstancias aconsejen utilizar otros carriles. Por eso, tan inadecuado puede ser utilizar siempre el carril exterior, incluso para hacer un cambio de sentido cuando hay tráfico denso, como utilizar los carriles interiores cuando apenas hay tráfico en la rotonda.
En cualquier caso, excepto cuando la señalización diga otra cosa, hay que abandonar la rotonda desde el carril exterior, así que si estás utilizando otros carriles conviene que te desplaces hacia el carril derecho con antelación suficiente, lo que normalmente significa hacer ese cambio de carril a la altura de la salida anterior a la que vas a tomar.
Desde mi óptica de profesor, un punto especialmente conflictivo es el mal uso de los intermitentes, que deben comunicar nuestros cambios de carril y nuestra intención de abandonar la rotonda para que otros conductores puedan comprender con tiempo nuestras maniobras. ¿No te ha pasado nunca que llegas a una rotonda y te quedas mirando a los coches sin saber hacia dónde van a ir? Hacerse entender es tan sencillo como usar bien los intermitentes.
luces de emergencia y claxon: justo en el momento adecuado
Parece algo muy básico, pero las luces de emergencia tienen un uso concreto y limitado: señalizar con todos los intermitentes que el vehículo está detenido o circulando a velocidad muy reducida por una avería o debido a un peligro imprevisto. No son para indicar que vamos a girar, ni un sustituto de los intermitentes cuando vamos a aparcar. Y, sobre todo, no nos dan permiso para dejar el coche en doble fila “solo un momento”.
El abuso de las luces de emergencia en ciudad es tan exagerado que han perdido parte de su función de alerta real. Cuando todo el mundo las usa para lo que no son, nadie les presta atención cuando de verdad importa. Como en el cuento de Pedro y el lobo, vaya.
Lo mismo podría decirse del uso del claxon, que en vías urbanas está prohibido salvo para alertar de un posible siniestro vial. También se puede utilizar fuera de zonas urbanas cuando se necesita colaboración en adelantamientos, o en vías estrechas con muchas curvas para evitar un accidente. Sin embargo, utilizar el claxon de forma indiscriminada, aparte de molestar a otras personas y animales, reduce drásticamente su efectividad.
distancia de seguridad, adelantamientos y el eterno carril izquierdo
La distancia de seguridad quizá sea la norma más incumplida en vías interurbanas. Eso que aprendiste en la autoescuela de dejar un intervalo de seguridad de dos segundos es solo un mínimo orientativo. A 120 km/h, la distancia de frenado real de un turismo puede superar los 66 metros que sugiere esa regla, y sobre asfalto mojado es el doble. Afortunadamente, los coches actuales incorporan sistemas avanzados de asistencia a la conducción que reducen el riesgo, pero la mejor manera de evitar un problema es no llegar nunca a buscar los límites de esos sistemas de ayuda.
En cuanto a los adelantamientos, sigue siendo frecuente ver conductores que utilizan el carril izquierdo de una autovía como si fuera su carril permanente de crucero. La norma está clara: el carril izquierdo es para adelantar, no para circular de forma habitual. Circular por el carril izquierdo sin adelantar es una infracción que además incita a los conductores que vienen detrás a adelantar por la derecha, una maniobra prohibida y muy peligrosa. Por suerte, el aviso de ángulos muertos que incorporan los coches actuales reduce este riesgo, pero siempre es mejor evitarlo desde la raíz.
En este punto, tengo que decir como profesor, que los ADAS han supuesto una gran mejora en el escenario vial y, de hecho, también han facilitado la vida a muchos nuevos conductores, por ejemplo al aparcar, igual que tener un coche eléctrico puede ayudar en el aprendizaje o incluso en el reaprendizaje cuando una persona vuelve a conducir después de unos años sin ponerse al volante. Conducir en un entorno tan dinámico e incluso hostil requiere muchas veces no solo poner mil ojos en la carretera, sino también tener un coche que te ayude a tomar decisiones seguras en un tiempo mínimo.
otras cuestiones para recordar
La lista de conductas incorrectas que veo cada día a mi alrededor podría continuar durante muchas líneas más. Los giros a la derecha desde el carril izquierdo, el uso inadecuado de las luces antiniebla o la confusión generalizada sobre la prioridad en intersecciones sin señalizar —donde tienen preferencia los vehículos que se aproximen por la derecha— son otras situaciones cotidianas que pueden generar riesgos evitables.
Por supuesto, merece atención el uso del teléfono al volante, que sigue siendo la principal causa de distracción en siniestros viales con víctimas, la conducción bajo los efectos de drogas como el alcohol o la conducción con fatiga, infravalorada porque sus efectos se perciben de forma difusa hasta que es demasiado tarde.
Y es que la autoescuela, en el fondo, no enseña solo a superar un examen, sino a convivir en la carretera mediante un código de conducta que, como cualquier idioma, se oxida si no se practica. Abrir un manual del conductor de vez en cuando, leer el Reglamento General de Circulación o consultar a un profesional de la formación vial (incluso apuntarse a un curso de conducción) no es señal de ignorancia. Es señal de que uno se toma en serio lo que hace cada vez que pone el coche en marcha.
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